Querido diario,

No sé si es porque es miércoles o qué, pero ando casi descerebrada. Bueno, no es que esté muy atareada y tal, que tú ya sabes que esta viejecita está en el paro para siempre ya, y mis únicos quehaceres tienen que ver con tender la cama bien estirada y dejar la vajilla reluciente, pero qué va, que esta pandemia nos tiene a todos corriendo a todos como locos hasta dentro de nuestras casas, y uno se cansa de sólo pensar.  

Y yo, vale, pienso por demás. Es que hay cosas que me ponen como una cabra. Pero ya sabes, tío, es como dice el dicho: mejor cabra que borrego. Que yo nunca voy a ir por ahí llevada de las narices por nadie, que este cerebrito piensa por sus propios medios y ya estoy mayorcita para decidir lo que me saca de las casillas, y lo que no.

Y esto que voy a contarte, ¡uf!, sacarme de las casillas es poco. Es que se han pasado tres pueblos, tío. Tú fíjate: Santiago de Chile, plena pandemia, casos en alza, restricciones por doquier, jaleo del bueno. Y ahí mismo, en medio de todo el lío, en un laboratorio que funciona como centro de procesamiento de PCRs… una fiesta clandestina. Así como lo lees, que yo no miento. Casi 30 empleados de la empresa con una buena merluza encima, empinando sus copas y embuchando la cena, sin distanciamiento, tapabocas ni ninguna otra medida protocolar sanitaria a la vista.

Es que esos tíos que cagan en todo. Los buenos de los chilenitos allí, confiando en que sus testeos están siendo tratados con amor y respeto, y estos gilipollas que casi empuñan los hisopos como mondadientes.

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Los carabineros chilenos desalojaron el laboratorio en plena clandestina

Ahora bien, he llegado a la conclusión de que en esta pandemia, no sirve de nada ser malo, ni bueno. Sino mira lo que le ha ocurrido a un chaval de Connecticut, en Estados Unidos. El hombre abrió su corazón, se cargó la maldición del bicho en la espalda, inició una colecta para recaudar fondos para las familias vecinas afectadas por la covid, consiguió 41 mil dólares, y… ¿tú sabes cómo le ha pagado este mundo? Pues ahora debe más de 16 mil pavos de impuestos por el dinero reunido.

O sea, entiendes, ¿verdad? te levantas y quieres hacer la buena acción del día, y al caer la noche el fisco te persigue como un delincuente. Así que, las vueltas de la vida, ahora el tipo se encuentra haciendo una nueva colecta, pero esta vez para poder solventar el pago de ese impuesto a… a ser de buena madera, no te jode.

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El maestro Louis Goffinet recaudaba fondos para afectados por la covid-19

El mundo se ha vuelto loco, cari, ya lo ves. Ya ni solidario se puede ser. Casi creería que se respeta por igual al pobre hombre de Connecticut, que a la venezolana esa que se robó más de 2 millones de dólares mientras fingía estar contagiada de covid. ¿Qué, no sabías nada? Es de no creer, tío.

Resulta que la mujer, que solía ser secretaria en la empresa peruana Cash For You, fue ascendida a principios de año a gerenta general, luego de dos años de intenso trabajo por ganarse un lugar de privilegio en la compañía. La cosa es que apenas unos días luego del nombramiento, la mujer se reportó enferma de coronavirus, y dejó de ir al curro.

Sus superiores estaban inmensamente preocupados, porque su cuadro se agravaba día tras día. Pero, hete aquí la maquiavélica sorpresa que Iliana Ojeda Trejo, tal es el nombre de la susodicha, tenía preparada para ellos. Mientras todos creían que estaba al borde de la muerte, la tipeja se las ingenió para pasearse por distintos bancos y vaciar las arcas de la empresa para, cuatro días después de haber anunciado su positivo de covid, fugarse en un vuelo directo a Colombia, y luego a Venezuela.

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Iliana Ojeda se fugó con más de 2 millones de dólares

Bueno, yo digo, es posible que la pobre mujer sólo haya malinterpretado las intenciones del nombre de la compañía, “Cash for you”. Ella debe de haber pensado: “Cash for you, efectivo para ti, en este caso para mí, qué hombrezotes tan bondadosos, allí voy a recolectar tantos verdes como me sea posible, y luego les enviaré mis cariños desde mi nueva mansión en mi ciudad natal”.  Sí, eso creo, ha sido sólo un malentendido, a cualquiera podría pasarle.

Qué decirte, tío. Que a mí me han pasado los años y a veces no sé si soy yo, que al mundo ya no lo comprendo como antes, o es el mundo, que ha cambiado hasta convertirse en algo surrealista como, no sé, Pedro Sánchez y Pablo Casado de cañas por la Gran Vía, vestidos como drag queens y a los besos con los transeúntes. Bueno, que ninguno se ha ganado mi respeto, pero un besito de esos dos… Yo no me negaría.

¡Qué descanses, querido diario! Hasta mañana. Te quiere, Maggie.