Querido diario,

Joder, ¡que te he extrañado mogollón! Sabrás comprender seguramente los motivos de mi ausencia. Es que he estado de mudanza y, entre una cosa y otra, en este nuevo sitio no había tenido el tiempo suficiente para sentarme a charlar contigo.

Tú tal vez habrás pensado que no tenía ya nada interesante para contarte de esta maldita pandemia, pero no, qué va. Si la indignación a mí me brota por los poros casi a diario. De hecho, creo que la gripe que me he pillado hace unas semanas ha sido porque no he podido venir a sentarme aquí, contigo, a dejar que la ira se me diluya en palabras.

Bueno, que sepas que he vuelto para quedarme. He comprado un nuevo cuaderno para la ocasión y todo, te gusta, ¿a que sí?

Y toda esta intro, sólo para decirte una vez más que estoy echando putas desde ayer, que ha ocurrido algo que aún no me lo puedo creer. O sí, que se yo.

Resulta ser que un matrimonio de trabajadores de la salud de Santiago del Estero, allá por el norte de de Argentina, no ha tenido mejor idea que robarse algunas vacunas contra la covid de su lugar de trabajo para montarse un centro de vacunación clandestino en su propia casa. ¡Así como lo lees!

Claro, tú dirás, “bueno, tampoco para tanto, ¿qué han sido? ¿Dos dosis, tres dosis?” Pues no, tío. Los han allanado y han encontrado 268 dosis de la Sputnik V, 14 de Sinopharm, 1 de la Covishield y, como si fuera poco, 510 dosis de fármacos no relacionados con la covid. Claro, tú imagina, llegas al hogar de la pareja y se te aparecen así, todos serviciales: “Dime, niña, ¿qué deseas tomar? ¿Un agua mineral, un whisky on the rocks, un chute de la rusa, una benzodiacepina de alta potencia?” Menudas fiestas me haría yo en esa morada.

Vacunas
La pareja había sustraído casi 300 dosis de vacunas

Ahora, lee tú cómo ha sido descubierto este par de gilipollas. El tío, creyendo que las cámaras de seguridad no funcionaban, decía al personal del Ejército que andaba custodiando los freezers de las vacunas que tenía que cargar nuevamente las dosis que habían sido devueltas (claro, porque en Argentina están tan sobrados de chutes, que hasta devuelven vacunas y todo).

La cosa es que ahí, delante de las narices de estos tíos de uniforme, el hombre colocaba           una caja en el freezer (luego sabríamos que estaba vacía) y cerraba sin llave. Más tarde, cuando nadie lo veía, entraba, llenaba su caja de vacunas y refrigerantes y se piraba. Así, quien sabe cuántas veces, porque ha sido un “robo hormiga”, de esos que se van haciendo de a poco pa que nadie lo note.

El plan perfecto, diríamos, si las cámaras de seguridad de verdad no hubiesen estado activas. Y claro, el tipejo piensa: “Estoy en Argentina, nada funciona, roban cada veinte minutos y nadie ha visto nada, es el país de los ciegos, aquí vengo yo y me hago un festín de brebajes mágicos”. Pero, mi amigo, que mala suerte tienes, que esas cámaras estaban vivitas y coleando, y te han pillado sin más.

Tendencia y Belleza - %filename$
Se investiga quiénes han sido vacunados ilegalmente por el matrimonio

La pareja ahora ha sido detenida, pero déjame decirte, querido diario, que el botín que se han asegurado (cobraban entre 180 y 270 euros el chute) no se los quita nadie, si lo han sabido esconder bien. Ni con un hisopado anal me lo encuentran a mí, te lo digo. ¿Sabes dónde lo enterraría? En el mismísimo Ministerio de Salud, que parece que van poco a currar por ahí.

Tendencia y Belleza - %filename$
El momento de la detención del ladrón

Ahora, pienso yo, cari, que si viniesen esos dos a ofrecerme el antídoto por un puñado de euros, yo me lo pensaría. A dar por culo con la ética y la moral. Que estoy viejecita y aún no me ha corrido el brebaje por las venas. Después les digo a los polis que me han chutado contra mi voluntad, que querían tomarme de conejillo de indias, y a otra cosa. ¿Quién no se fiaría de esta septuagenaria inocente?

¡Hasta mañana, querido diario! Que descanses. Te quiere, Maggie