Querido diario,

Creo que tarde o temprano iba a llegar el día en que los humanos dejasen de experimentar con animales y comenzaran a hacerlo con los de su misma especie. Pues vale, lo sé, somos un poco burros, un poco perros, un poco gansos, pero de ahí a convertirnos en conejillos de India pandémicos, a como dé lugar… no sé, tío, que creo yo que hay un tramo larguísimo.

¿Que no sabes de qué te estoy hablando? Perdona, es que mi nivel de indignación ha llegado a tope, y a veces se me da por opinar antes de contarte qué ha pasado. Tú sólo piensa que me la paso aquí encerrada, pensando, haciendo trabajar la máquina, y bueno, para cuando llego a tomar el bolígrafo para escribirte, ya estoy hasta la coronilla de información, y sólo quiero explicarle a alguien cómo me siento. Y bueno, sí, mi hija hoy no me ha atendido el teléfono, así que lo lamento, cari, deberás soportarme sin chistar.

Mira tú lo que ocurrió en Chile. No, no es que tenga un problema personal con ese país, te lo juro por mi difunto esposo. Pero es que, no sé, algo está ocurriendo allí abajo, que es todo una locura, un día sí y el otro también. Oye, que a la larga es divertido, allí no tienes tiempo de aburrirte que ya te llega otro cuento que te saca de la rutina. Pero, no sé, desde aquí, desde la comodidad de mi piso madrileño, no tengo claro si debo sentir pena por ellos, o ir clickeando en Iberia a ver si tienen un pasaje directo a Santiago.

Sí, lo sé, sigo sin contarte la historia. Léete esto: en Chile, decía, han estado inoculando seres humanos contra la covid-19 con vacunas para perros. ¡Sí! Te lo juro, que yo no miento.

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Los perros chilenos denuncian faltante de dosis

Parece ser que un veterinario de la ciudad de Calama, en el norte andino, ha inmunizado (bueno, claro, es una forma de decir) a al menos 100 personas con dosis de la vacuna óctuple canina que previene que los pichichos enfermen, entre otras cosas, de coronavirosis.

La historia no acaba de empezar, que ya lleva meses ocurriendo, pero recién ahora se ha destapado la olla. Este tipejo, en un intento de Dr. Jekyll (vale, no, en verdad de Mr. Hyde), había intentado el año pasado convencer a sus colegas de las bondades de los cócteles perrunos en humanos al viralizar un informe al que tituló “Inmunización cruzada. Vacuna coronavirosis canina como tratamiento preventivo, en seres humanos con riesgo de contagio y desarrollar la enfermedad por coronavirus COVID-19”. Menudo título, ¿verdad? Si tan sólo contuviese un (sólo uno, pido poco) argumento científico concluyente…

Bueno, no contento con eso, el tío fue a por más, y aparentemente se habría chutado él mismo la vacuna para perros, para intentar generar anticuerpos contra el coronavirus pandémico que ya conocemos. Y tal vez, creo yo, todo hubiese quedado en anécdota, si no fuera porque luego distribuyó alrededor de 100 dosis del antídoto a vecinos del lugar.

Si bien la Secretaría Regional de Salud chilena aún no ha podido probar que estas personas fueron vacunadas por él, todo indica que el tío tendrá problemas grandes con la ley más temprano que tarde. Vamos, que no puedes ir por la vida con la jeringilla en la mano pinchando traseros a mansalva. Si tienes alguna obsesión perruna, pues trátalo con tu psicólogo, pero no te desquites con la humanidad que ni culpa tiene de tus fetiches.

Ahora, tú creerás: “Maggie, este es un hecho aislado, no seas tan pacata”. Pues no, querido diario, no lo es. Otra profesional de la salud animal, una mujer esta vez, ha hecho lo propio en su veterinaria. La tia ha vacunado a más de 70 personas con las dosis caninas, asegurando que no habían presentado ningún efecto adverso luego de la inoculación. Bueno, tal vez un ladrido o dos al día, se rascan un poco por la mañana, y dan vueltas en círculo en la cama antes de acostarse, pero nada grave.

Esta médica si ha hablado con las autoridades, y ha afirmado que se ofreció voluntaria para que testearan su sangre y la expusieran a la covid-19 para probar la efectividad del tratamiento alternativo. Tal vez podrían aprovechar la oportunidad, y sacarle toda la sangre, dejarla como una uva pasa, y problema terminado, ¿verdad?

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Dos veterinarios chilenos experimentaron con humanos. Crédito: AFP

No sé, tío, se ve que la mujer debe haber leído el informe del veterinario del que te hablaba antes, porque si no no se entiende que dos profesionales lleguen a la misma idea descabellada. El tipo se había defendido en su momento asegurando que había puesto en práctica la cosa luego de conocer que en Argentina había habido casos exitosos de tratamiento contra el bicho a partir de la vacuna óctuple canina.

Desde ya, eso no es real, pero si lo fuera, amigo, no puedes tú confiar en un país en el que, por ejemplo, los condenados a aislamiento por haber participado de una fiesta clandestina deciden, con gran tino, organizar otra jarana, esta vez entre los que están en el encierro. Algo así como “El Club de los confinados”. Gran película esa, yo la vería sin dudarlo. No es serio, joder. Aunque, bueno, si me invitan…

¡Buen fin de semana, querido diario! Que descanses. Te quiere, Maggie