Querido diario,

Ya estoy mejor. Se me ha ido la melancolía, y ya he recordado las cosas que me molestaban de Alberto, así que allí lo dejamos, que la Almudena es un lugar perfecto para él, lleno de flores y luz solar. Vamos, que está mejor que yo ahí fuera, no te jode.

Ahora, hay otras cosillas que me agobian, para serte honesta. Porque, claro, un amante lo tiene cualquiera, no nos vamos a hacer los mojigatos a esta altura del campeonato. Pero esta clase de desgraciados de la que voy a hablarte hoy, es difícil de hallar.

Es que ha vuelto a ocurrir, tío. Uno pensaría que estas cosas son casos aislados, errores de la Matrix, tropiezos en medio del camino pandémico. Pero no, que va, que lamentablemente aparecen estos malvivientes un día sí y otro también.

Resulta ser que en Guayaquil, Ecuador, un trabajador de la salud pinchó a un adulto mayor con la jeringilla de la vacuna contra la covid, pero… no le metió el brebaje en las venas. ¿Puedes tú creerlo? Que yo no salgo de mi asombro, ya ni sé hasta dónde es capaz de llegar la miseria del ser humano, de jugar así con la vida de un pobre tío. Ni Bolsonaro se ha animado a tanto. Bueno, vale, sí, Bolsonaro se ha animado a eso y mucho más, recuerda tú que hace tan sólo unos días le dijo a su pueblo que “merecía sufrir” si elegía votar por Lula Da Silva en las próximas elecciones. Rico tío, ese. Yo no lo quiero de amigo, ya sabes.

Perdón, que me he ido por las ramas, como de costumbre. Pero mira tú lo que somos, nuestro cinismo. El “profesional” (venga, que es profesional mi gato tuerto que este gilipollas, eso está claro), mientras lo (no) inmuniza al hombre estafado, le advierte sobre los posibles efectos secundarios de la vacuna. ¿Entiendes? Le dice lo que NO va a sucederle, puesto que nunca le dio al émbolo (vaya, qué palabras elegantes se me ha dado por utilizar hoy). Y el tipo asiente, agradece, y le regala un “ok” de celebración a la cámara que lo filma.

Qué afortunado ha sido al haber decidido inmortalizar el momento en un vídeo, que si no el tío no hubiese tenido pruebas para presentar en la Justicia. Gracias a la dichosa grabación, el trabajador de la salud ha sido identificado y detenido, y el tipo ha sido vacunado correctamente.

Pero espera, que la peli tiene un giro inesperado. Ahora parece que el vacunado en cuestión también ha sido detenido y está siendo investigado, porque no tenía edad para ser inoculado y se había saltado la fila. Joder, es que no me dejan ni sufrir por un ser humano, que ya al minuto me lo transforman en un monstruo diabólico que no perece mi piedad. Cuánta miseria, de verdad, tío.

Igual, si de miserables se trata, debe de haber una competencia en marcha a nivel mundial, porque si no hay cosas que no se explican, macho. Mira si no lo que ha hecho el Ministerio Público de Chile (que no, te juro que no tengo nada personal con ellos, si el pisco me mola, “weon” es de mis palabras favoritas, y no me pierdo nunca el festival de Viña del Mar). Las autoridades chilenas, te decía, han imputado a un hombre en situación de calle (repito: en situación de calle) por poner en peligro la salud pública en tiempos de pandemia.

¿Cómo es eso? Sencillo. Al homeless lo pillaron merodeando por las calles de Placilla durante la cuarentena total que había decretado la autoridad sanitaria, y bueno, técnicamente, estaba rompiendo las reglas.

 Pero, me pregunto yo… ¿Alguien le ha dado a este hombre las llaves de una casa nueva, un coche, o algo, donde pudiese aislarse como todo ciudadano de bien? ¿Alguien lo ha invitado a su morada a tomar una tacita de café y evitar así que infringiera la ley? Pues no, claro que no. Así que ahí estaba el pobre tipo, más solo que yo, desafiando al gobierno contra su voluntad. Y por supuesto que a los poderosos les vale madre lo que los pobres hagan con sus vidas, siempre que no molesten.

Este tío les ha arruinado la foto, claro. Toda una ciudad confinada, y una mancha negra en medio de las calles vacías desentonando con el paisaje. Pues bien, como Dios y la Justicia sí existen (ya, a veces se hacen los distraídos, pero por ahí andan, seguro), aquí también hubo final feliz, ya que la Corte de Apelaciones de Rancagua sobreseyó al pobre sin techo. “Las personas en situación de calle no tienen un domicilio donde refugiarse, pues pernoctan y guardan sus pertenencias en la vía pública”, reza el fallo. Fin de la cita, diría Rajoy en tiempos mejores.

Es que es la obviedad, tío. ¿A quién se le ocurre semejante cosa? Es como adoptar un conejo y luego correrlo por toda la casa porque nos ha dejado el piso plagado de bolitas de caca. O sea, es lo que hacen. Son conejos, y fabrican pelotillas hediondas frenéticamente. Es su gracia. Y los homeless, pues lo mismo. Son homeless y no tienen casa, ese es su rollo. ¿Cómo se te ocurre pedirle a una persona en situación de calle que no deambule por ellas? Es que es de locos, joder.

En fin, ya me ha subido la presión de nuevo. Mejor que calmo, que si me voy al hospi seguro que me toca el chute vacío a mí también, con la suerte que manejo.

¡Hasta mañana, querido diario! Que descanses. Te quiere, Maggie