El templo católico de Nuestra Señora de la Asunción de Pinilla de Jadraque fue construido en un periodo de tiempo dudoso entre finales del siglo XII y principios del XIII en estilo Románico rural. Su buena factura y conservación le han tolerado transformarse en entre los vestigios mucho más hermosos que el Período medieval dejó por tierras serranas. A lo largo de este instante toda la comarca de la Sierra Norte padece un considerable impulso económico y cultural, consecuencia, en parte, del cariño que el rey Alfonso VIII le debía tener a estas tierras del señorío de Atienza una vez que esta le diese cobijo y lo salvara de las tropas leonesas en el momento en que era un niño. Este intérvalo de tiempo de bonanza queda patente en Pinilla de Jadraque, no solo en la construcción de su iglesia, sino más bien en el paso de múltiples sendas comerciales por su tierra (más que nada la ruta salinera) que llevarían a la construcción de un puente de piedra, probablemente asimismo hacia los siglos XII-XIII, que aún vadea el cauce del río Cañamares.

Si bien la iglesia padeció enormes reformas a lo largo del siglo XVII, los restos que se preservan de su construcción original sobresalen por su hermosura, como el arco del triunfo de la nave interior, o los pórticos sur y oeste. Es en este último en el que están los capiteles mucho más exuberantemente decorados, que tenían como propósito relatar de una forma visual los mitos dominantes a la población, en su mayor parte, inculta.

De los 2 capiteles historiados del pórtico occidental, uno cuenta de una forma fabulosamente fácil la vida y muerte de Jesucristo por medio de la sucesión diacrónica de sus 4 caras: una semeja enseñar el instante de la Natividad; la segunda, la Epifanía; la tercera exhibe un Descendimiento y la cuarta representa a un Cristo en Majestad triunfal. No obstante, en el otro capitel, lo que se puede observar es una escena donde 2 tritones, seres mitológicos mitad hombre, mitad pez, proponen peces a tres figuras humanas muy suntuosamente vestidas (supuestamente 2 hombres y una mujer).

No se habla, como es natural, de ningún mito bíblico. Entonces, ¿qué hace en un espacio tan señalado de un templo católico? Muchas fueron las hipótesis planteadas: el pez como símbolo de felicidad y prosperidad conyugal, una alegoría al mito de Adán y Eva, la representación de un pasaje del folklore habitual… Sea como fuere, siempre y en todo momento va a ser uno de los múltiples secretos que aloja la Sierra Norte de Guadalajara y que vale la pena vivir de cerca.

 

 

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Fuente: Comunicae