Tal es el desconcierto en torno a Colón, que su propio hijo Hernando redactó en su Historia del Almirante Don Cristóbal Colón, que su padre no quería que fuesen conocidos su origen y patria. ¿Pero por qué? ¿Qué secreto podría ser ese que con tan ahínco quería ocultar?

LA RUEDA Y COLÓN

Siempre que doy una conferencia sobre el descubrimiento de América y mi libro “Tras las huellas del mar”, empiezo preguntando a los asistentes sobre la rueda. Y, más concretamente, sobre la fecha en que se inventó. Algunos dicen que unos 4.000 años, otros que algo más… Pero ninguno entiende por qué hago esa pregunta en una conferencia sobre América y Colón.

Lo cierto es que la primera constancia de una rueda en la Historia, está en la llamada “Olla de Bronocice”, encontrada en Mesopotamia, y con una antigüedad de unos 5.500 años. Pero… ¿Y si les digo que, oficialmente, la rueda no se inventó hasta el año 2.001 de nuestra era? Exacto, hace apenas 19 años… Creerán que me he vuelto loco… Se lo explico. Ese año, el abogado australiano John Keogh se percató de que la rueda no aparecía como invento de nadie y, cargado con ruedas de distintos tipos, se presentó en la Oficina Estatal de Patentes y Marcas australiana y la reconoció a su nombre. Por lo que, oficialmente, la rueda la inventó este abogado hace apenas dos décadas. Curioso, ¿verdad?

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Pero, ¿Quién nos asegura a nosotros que eso no ha pasado otras veces a lo largo de la Historia? ¿Pudo Colón ser el más listo de la Edad Media, y oficializar algo que era un secreto a voces?

Caminen con nosotros, Tras las huellas del mar.

CRISTÓBAL COLÓN

Es curioso que, a pesar de tratarse del mayor descubridor de la Historia, uno de los hombres más importantes de la Humanidad, sepamos tan poco o nada de él.

Unos creen que fue el propio Colón quien se encargó y negó a hablar nunca de su pasado, mientras otros creen que fue deliberadamente ocultado.

Lo que se ha oficializado sobre la vida de Colón es que nació en Génova, sin saber el año ni tan siquiera (aunque sugieren que en 1.451). Su padre sería un simple sastre llamado Doménico Colombo, y su madre una ama de casa llamada Susanna Fontanarossa. Un origen sumamente humilde, digámoslo así.

El situar su nacimiento en Génova, es porque Colón, durante los pleitos colombinos que veremos después, dijo en un documento (llamado Fundación del Mayorazgo) que él era genovés.

Pero hay historiadores que creen que eso es falso y que solo redactó ese texto para beneficio en el juicio contra las Reyes Católicos tras el descubrimiento. Pero llama la atención que Colón nunca escribiera en italiano o latín (salvo algún escrito corto y puntual), y presentando un deficiente manejo de ambas lenguas, impropios de un italiano. Casi todos los textos de Colón están redactados en castellano, con giros lingüísticos puntuales en portugués, gallego y catalán.

Tal es el desconcierto en torno a Colón, que su propio hijo Hernando redactó en su Historia del Almirante Don Cristóbal Colón, que su padre no quería que fuesen conocidos su origen y patria. ¿Pero por qué? ¿Qué secreto podría ser ese que con tan ahínco quería ocultar?

Los únicos datos fiables que se tienen documentados sobre Colón, es que en 1.476 llega hasta la costa portuguesa, debido al naufragio de un buque al que había accedido, presumiblemente, como polizón.

En Portugal, en 1.479, se casa con Felipa Moniz de Perestrelo, y tiene a su primer hijo, Diego. Pero su mujer no pertenecía a una familia cualquiera…

Fue una de las doce comendadoras de la Orden de Santiago en Lisboa. Y recluida durante años en el convento de Todos los Santos.

Y aquí es donde vienen algunas de las incongruencias acerca de los orígenes establecidos históricamente (aunque no documentados) sobre Cristóbal Colón. Felipa Moniz, como hermana, tía e hija y familiar de nobles, como recluida en el convento “real” hasta su casamiento, tenía que solicitar permiso al Gran Maestre de la Orden de Santiago, el rey Juan II, como viene apuntado en el libro de reglas de la orden, su autorización de casamiento. Pero en aquella época, las normas impedían totalmente

que un noble se casara con un plebeyo, bajo la amenaza de que el noble perdiera todos sus títulos y posesiones. Y por lo que se sabe, eso nunca pasó… ¿Cómo defendemos entonces el origen humilde Colón? ¿Cómo se dio lugar a tal matrimonio? 

Pues sencillamente, porque creemos que Colón nunca fue un plebeyo en toda regla, y que hizo muy bien en ocultar sus verdaderos orígenes…

EL PRENAUTA

Hay investigadores que creen que Colón pudo recibir la información por un prenauta, llamado Alonso Sánchez de Huelva, que habría llegado moribundo a las costas portuguesas tras un naufragio.

Y, los animaré a que lean los Diarios de Fray Bartolomé de las Casas, el cual tomó, con todo lujo de detalle, el día a día de la expedición. Y, el nueve de agosto de 1492, describe lo siguiente: “El Almirante se acuerda que, estando en Portugal en el año 1484, llegó uno a la Isla de Madeira, pidiendo ayuda para volver a unas islas que estaban más al oeste…”

¿No les parece suficiente? Pues el martes 25 de septiembre deja constancia de esto: “Iba hablando el Almirante con Martín Alonso Pinzón, Capitán de la Pinta, sobre una carta que le había enviado a su carabela, donde el Almirante tenía pintadas ciertas islas…”

Y, si leen los diarios, o mi libro “Tras las huellas del mar”, descubrirán muchos más aportes históricos sobre la información que Colón portaba en la expedición…

LOS ANACRONISMOS

La Historia oficial del descubrimiento de América, está llena de anacronismos. Es decir, hechos que no encajan dentro de la época histórica. Y, en este artículo, solo expondremos algunos de ellos pero que seguro les harán pensar…

Lo primero tiene que ver con el maíz… Supuestamente, este cereal no llegó a Europa hasta que Colón lo trajo del Nuevo Mundo. ¿Cómo es posible entonces que Alonso de Palencia, escribiera en 1.452, que el rey Enrique IV de España quemaba los campos de maíz del rey moro de Granada?

Pero el martes 17 de octubre, una vez que llegaron a tierra, Fray Bartolomé de las Casas deja constancia de algo que demuestra, sin género de dudas, que la Historia no es como nos la han contado. Ese día, el escriba redacta lo siguiente: “Aquí hallaron que las mujeres casadas traían bragas de algodón, las mozas no, sino salvo algunas que eran ya de edad de dieciocho años. Y ahí había perros mastines y branchetes, y ahí hallaron uno que había al nariz un pedazo de oro que sería como la mitad de un castellano, en el cual vieron letras. Reñí yo con ellos porque no se lo rescataron y dieron cuanto pedía, por ver qué era y cúya esta moneda era…”

Comencemos por los anacronismos… Lo primero es que De las Casas nos habla, claramente, de mastines, por lo que no tuvo dudas en reconocer la raza. Estamos en 1.492… ¿Cómo es posible que el clérigo viera mastines en las islas, si el primer mastín en llegar a América, oficialmente, fue en 1.620 a bordo del buque británico Mayflowers? ¿Quién llevó un mastín a las islas 130 años antes?

¿Y quien grabó la moneda que portaba en la nariz el perro? Los taínos no usaban monedas, de hecho, otorgaban un valor vulgar al oro… ¿De donde salió esa moneda?

Pero si de animales va la cosa, el 29 de octubre el escriba detalla que han visto calaveras de vacas y ganado… Y, tengan en cuenta que, oficialmente, el primer ganado que llegó a América, fue en el segundo viaje de Colón… ¿Otro anacronismo más?

En “Tras las huellas del mar”, descubrieran decenas de ellos, totalmente documentados… Pero les adelantaré algo… En las páginas de la obra, encontrarán una carta en la que Colón, de su puño y letra, indica al Rey Fernando el Católico que ha visto monjes en las islas, que no viajaban con ellos… ¿Templarios?

Y, sobre todo, un grabado taíno que es imposible que fuera fruto del azar…

MIS CONCLUSIONES

He tenido la suerte, inmensa, de haber vivido en los dos puntos claves del descubrimiento de América. Huelva, como punto de partida de la expedición; y ahora en República Dominicana (La Española) como punto de destino. El final del camino, desde el que comenzó todo. Y en todos he podido entablar conversaciones con historiadores, profesores o, simplemente, apasionados de la Historia (y que muchas veces te aportan más que los propios estudiosos pues el conocimiento no radica en un diploma), que me han ido cultivando a lo largo de los años hasta dar como resultado esta obra.

¿Descubrió Colón América? Mi respuesta sí. Hasta que Colón no llegó al Nuevo Mundo, en Europa, salvo para círculos muy cerrados, esas tierras eran completamente desconocidas. Si preguntabas a un campesino de la Villa de Madrid en agosto de 1.492, que había más allá de las Canarias, ese vecino te habría respondido que no había nada, solo agua. Si preguntas a ese mismo campesino en 1.493, te diría que las Indias. ¿Y quién le dio a ese campesino el conocimiento de esas nuevas tierras? Cristóbal Colón.

Y les diré más… En “Tras las huellas del mar”, además de los diarios de Bartolomé, encontrará recibos de pago del Duque de Medinacelli a Colón, por orden de la reina, para que Colón no comparta “su descubrimiento con el rey francés y espere a a la conquista de Granada”.

Mapas que hablaban de un fuerte en Latinoamérica, y que la Inquisición se ocupó de borrar en mapas posteriores… Grabados Templarios en Argentina y Paraguay, un torreón templario en Norteamérica y hasta pruebas que de en el siglo X ya había un obispo católico destinado en Groenlandia…

¿Acaso pudo ser Colón el John Keogh del siglo XV?

MÁS INFORMACIÓN

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Tras las huellas del mar – Yggdrasil Editorial – ISBN 978-1795093224