Abusos sexuales: Entrevistamos a Anna Currilla (nombre real) de 39 años de edad.

Anna es fuerte, valiente y superviviente de los abusos sexuales que sufrió por parte de su padre durante años.

Audio que sirvió como prueba en el juicio para condenar a su «padre» (su agresor sexual).

Es una de las entrevistas más duras a las que me he enfrentado como periodista. Un relato sobre abusos sexuales que “pone los pelos de punta” pero que a su vez es muy necesario para concienciar a la sociedad de lo que significa el abuso sexual intrafamiliar, como lo viven las víctimas, si llegan a recuperarse en algún momento y si el estado y la justicia española está capacitada para defender y proteger a las víctimas de abusos sexuales, y más, cuando son abusos sexuales intrafamiliares como en el caso de Anna.

P: ¿Cómo empezó todo?

A: Mi primer recuerdo fuerte, lo recuerdo con tres o cuatro años de edad; aunque creo que comenzó mucho antes y luego entenderás porqué.

Vivíamos en un piso encima del bar “Daja” en Colloto, Oviedo. Concretamente en el 2B.

Este piso tan sólo tenía dos habitaciones, la de mis padres y la que compartía con mi hermano Alberto.

Esa noche venía mi tío abuelo en avión desde Barcelona y mi padre tenía que ir a recogerlo al aeropuerto.

Mi tío abuelo tenía una vieja casa en el pueblo, a unos 4 minutos en coche. Solía venir con su mujer a pasar los veranos y puentes, pero en esta ocasión venía él solo.

Recuerdo que estábamos en la mesa cenando, mi padre, mi madre, mi hermano y yo. Mi hermana pequeña todavía no había nacido.

En la cena, mi padre planteó que mi tío durmiera en casa; pues su casa estaba deshabitada y fría, así que mis padres empezaron a conversar de cómo distribuir las camas para dormir.

Yo estaba muy nerviosa, no quería dormir con mi padre ni estar con él. Y aunque no tengo recuerdos anteriores, sospecho que los abusos ya existieron antes de ese momento.

Como estaba tan angustiada y nerviosa, mi madre se acostó en la cama matrimonial haciéndome creer que ella dormiría conmigo; pero en plena noche, mi padre y mi madre se dieron el cambiazo.

Mi hermano durmió con mi tío abuelo en la habitación de las camas gemelas, mi madre en el sofá y mi padre y yo en la cama de matrimonio.

Cuando desperté estábamos los dos solos. Mi madre se fue bien temprano a trabajar a su peluquería. Mi tío supongo que se fue a su casa y mi hermano, como todos los sábados, se había ido a jugar a la calle con su amigo Abel.

Recuerdo caricias. Primero en la espalda y luego ya…

Ese día intentó penetrarme causándome una herida vaginal y como me rebelé aún me llevé unas buenas hostias.

Recuerdo que estaba desorientada, llorando y no entendía nada.

Me acuerdo perfectamente del color de las sábanas. Es increíble cómo se quedan las cosas grabadas; si cierro los ojos, lo veo todo.

De ahí me llevó a casa de mi abuela paterna, tenía molestias al caminar y cuando fui a hacer pis, me escocía muchísimo y vi sangre en mis braguitas.

Abusos sexuales
Ana Currilla de pequeña.

Me tuvieron que hacer lavados y curas con agua y Betadine durante días a causa de los abusos sexuales de mi padre.

En la prueba de audio que aporté en el juicio y que también aporto a esta entrevista, hablo sobre la herida que me produjo siendo una niña tan pequeña.

P: Anna, en todo este tiempo ¿nadie de tu familia se dio cuenta de nada?

A: Si te soy sincera, yo creo que era invisible, a nadie le importaba lo que estaba ocurriendo y quizás prefirieron mirar hacia otro lado.

A pesar de que mi cuerpo hablaba lo que mi boca callaba, yo, no dormía. Tenía ataques de ansiedad, desmayos, apenas comía, ideas auto líticas desde bien pequeñita…

Mi madre prefería trabajar antes que estar en casa. Sinceramente creo que no era feliz y se evadía trabajando. Por desgracia, descuidando a sus hijos por este motivo.

Yo soy madre y con tan sólo una mirada de mis hijos sé cómo están o cómo se sienten. He preguntado abiertamente a mi madre sobre todo este tema y siempre me contesta lo mismo: “Nunca he sido consciente”.

A día de hoy, esto, todavía me genera dudas. Lo que sí puedo asegurar es que mi madre, ante un problema grave se paraliza del miedo y es incapaz de reaccionar. Bajo mi punto de vista, ella también sufría malos tratos psicológicos por parte de mi padre.

Sin embargo, cuando mi madre escuchó la llamada que grabé al “engendro” (así es como Anna llama a su padre), me pidió perdón. Quiso pagarme todos los costes del procedimiento judicial contra mi padre. Ella me apoyó.

Mi familia materna y paterna nunca se han llevado bien entre ellos. En la familia siempre hubo rumores de lo que ocurría conmigo, pero lo cierto es que nadie dio un paso, nadie se atrevió nunca a preguntar.

Cuando tenía 15 años, fui a la comisaría a denunciar con mi amiga Sonia. Una tía materna cogió el teléfono a la policía nacional y fue quien supo de primera mano lo que estaba pasando. Nunca me preguntó si necesitaba ayuda o si aquello era cierto.

En abril de 2010, mi padre me hizo una llamada advirtiéndome que mi tío materno andaba preguntando algo sobre “unos tocamientos”. Yo le dije que de ese tema no tenía nada que hablar con él y seguidamente colgué el teléfono.

En julio de 2010 mi tío materno José Antonio (hermano mayor de mi madre y el mismo que había llamado anteriormente a mi padre) me llamó y me preguntó: “¿Es cierto lo que se está rumoreando en la familia?”

Cuando le dije que era cierto, mi tío se quedó sin palabras y rompió en llanto. Incluso me pidió perdón por haberme preguntado sobre el tema. Murió poco después de tener esta conversación.

Con la llamada de mi tío se abrió “La Caja de Pandora” para soltar todos mis demonios interiores y no volver a cerrarla jamás.

Mi hermano mayor y mis tíos paternos fueron los primeros en escuchar la grabación de los abusos sexuales de mi padre y restaron importancia a lo sucedido.

Tras todo el proceso judicial, puedo decir que me encajaron muchas piezas del puzzle. Entendí muchas cosas y sí, durante todo este proceso hubo personas que lo sabían, que se enteraron y no hicieron absolutamente nada, solo mirar hacia otro lado. Pero no sólo callaron y miraron hacia otro lado, también intentaron silenciarme, incluso en el procedimiento judicial.

Hubo personas que me amenazaron e intentaron todo tipo de chantajes.

Hubo personas que escucharon de su propia boca “Pasé la línea roja”, pero no hicieron nada.

Hubo personas que escucharon la grabación y para desacreditarme decían que la grabación “no se escuchaba bien”, “no se oye nada” o “que había muchos ruidos”.

Algunas de esas personas me dijeron: “Tira la llave al mar”, “ya pasó”, “qué más da, si ya pasaron 20 años”, “olvídalo”, “es tu padre y debes perdonarlo”, “entiende que es mi hermano”, “entiende que es mi hijo”, “si papá entra en prisión atente a las consecuencias”, “como sigas enseñando la grabación, te pondré una denuncia por injurias y calumnias”.

Tíos paternos, mi hermano mayor, mi propia abuela paterna, primos… Todos por parte de mi familia paterna.

Tuve que escuchar que lo hacía por dinero. Que era una venganza por mi problema de cadera. Que me posicioné con mi madre por la separación de mis padres, que lo hacía por favorecerla a ella. Y bueno, pues un sinfín de excusas y tonterías para no reconocer la realidad de lo que estaba pasando.

Lo único que querían era hacerme callar, pero consiguieron el efecto contrario. Me enfrenté a mi agresor y puse a cada uno en su lugar.

No pude demostrar que hubo cómplices, pero en la sentencia se recoge claramente el papel de mi hermano mayor; su neutralidad y su apoyo. Y como es evidente, lo digo irónicamente.

Tengo una grabación de mi abuela paterna (ya fallecida), donde dice lo más duro y cruel que se puede decir a cualquier ser humano. No le puedes decir algo así a tu nieta, la que ha sido violada por tu propio hijo.

Cuando hice esa grabación, no fui consciente de lo que me acababa de decir. Cuando la escuché “consciente” por primera vez, se me vino el mundo encima.

Para mí, mi abuela paterna fue como una segunda madre, así que puedes imaginar cómo me sentí en ese momento. Recuerdo que me puse a temblar y no podía parar de llorar.

Esa grabación no la quiero hacer pública, por respeto, por ese cariño que yo, sí le tenía de verdad. No quiero ser como ellos.

P: Está claro que le protegieron. Pero, ¿por qué crees que lo hicieron?

A:  Creo que todo agresor sexual necesita cooperantes necesarios para que las agresiones sexuales puedan extenderse en el tiempo.

En mi caso, desde los 3-4 años hasta cumplir la mayoría de edad.

Abusos sexuales

Creo que lo hacen para mantener una imagen de cara a la galería; aparentan ser la familia perfecta cuando en realidad es todo lo contrario.

Vivir dentro de un ámbito familiar con agresiones sexuales, físicas y verbales no es para nada normal. 

Son familias totalmente machistas y disfuncionales donde se normalizan los abusos y las agresiones sexuales.

De esta manera nos dejan totalmente expuestas a nuestro agresor sin posibilidad de escapatoria.

P:¿Cómo se siente un niño que es abusado durante tanto tiempo?¿consideras que los niños pueden entrar en confusión de no distinguir entre el bien y el mal?

A: Creo que la confusión de un niño no es distinguir entre el bien y el mal. Indudablemente no sabe si está bien o está mal, cosa que el adulto sí sabe perfectamente lo que hace y que por supuesto está mal; de ahí la manipulación al menor: Chantajes, regalos, culpabilizar al niño para así librarse de la culpa.

“Si se entera tu madre te va a castigar”.

Cuando sufres abusos sexuales durante tanto tiempo, pasas por varias fases: Al principio piensas que esto ocurre en todos los hogares, piensas que es normal aunque no te guste.

Cuando eres consciente de las agresiones sexuales, llega la culpa y la vergüenza. Entonces te vuelves agresiva. Recuerdo pegarme con todos y con todo, te autolesionas, te castigas dejando de comer y un sinfín de cosas más para hacerte daño a ti misma.

Cuando puse la denuncia (con 15 años), no me creyeron. El agresor se ríe de ti y llega lo peor: Las agresiones físicas más duras, las amenazas con bastones (estoques) para conseguir lo que quería.

Entonces llega la aceptación o la indefensión aprendida. No puedes escapar y lo único que quieres es que terminen los abusos sexuales cuanto antes.

La peor confusión es entre la razón y el corazón porque, por un lado es tu agresor, pero por otro lado es tu padre y ahí entras en un conflicto interno brutal.

No te puedes imaginar por la lucha emocional tan grande a la que nos tenemos que enfrentar. Hay que romper con ese “amor” o vínculo de “padre” que no existió como tal. Pero lo malo es que tú como víctima no conoces otro concepto de la paternidad.

Conozco a muchos supervivientes de abusos sexuales que hoy en día siguen conviviendo con su agresor y siguen manteniendo una relación como si nada ocurriera porque siguen con ese conflicto interno y son incapaces de enfrentarse a su agresor.

Claramente viven en un infierno haciendo creer que todo está bien cuando en realidad no desean sentarse en la misma mesa que su agresor o reírle las “gracias”.

P: ¿Crees que los abusadores sexuales tienen un perfil concreto? ¿Cuál es?

A: Sí. Creo que los abusadores sexuales tienen un perfil; son personas que pasan totalmente desapercibidas, son muy serviciales, simpáticos, amables, sociales… Venden el papel del buen padre, buen marido, buen vecino y buen amigo pero en realidad son lobos con piel de cordero. Buscan su coartada perfecta para poder seguir con sus abusos sexuales hacia su victima

Cuando llegan a casa y nadie los ve, se convierten en personas agresivas, autoritarias, son expertos en manipulación, carecen de empatía y autoestima y lo único que les importa es someter y satisfacer sus bajos deseos.

Para mí, son psicópatas sin escrúpulos.

P: ¿Un niño que es abusado es capaz de repararse del todo?

A: No. Jamás. Es un daño tan profundo en tu ser, que jamás olvidas lo vivido. Un olor, una palabra, un gesto que te lleva a ese recuerdo, a ese limbo dentro de la boca del mismísimo diablo.

Había cosas que me ocurrían que yo no las relacionaba con los abusos sexuales que sufrí, pero cuando llevas años en terapia te das cuenta que todo lo que te pasaba era consecuencia del abuso. Por ejemplo, no encajabas en ningún sitio, te sientes diferente, rara, ves todo lo vivido como si de una película se tratase.

Tras unos años de terapia, aprendes a vivir con todas las secuelas, pero no es fácil, es demasiado duro.

Es vivir en una montaña rusa a la deriva; vas en un vagón y a veces puedes estar arriba y otras abajo.

Por desgracia no hay especialistas en la Seguridad Social que traten los abusos sexuales, tratan estas secuelas como una “depresión” más, a base de pastillas, pero sin trabajar ni tratar la raíz del problema.

Así que, si no tienes dinero es prácticamente imposible recibir una terapia que realmente pueda “curarte”.

Y digo prácticamente porque en mi caso, tuve “suerte” ya que pude encontrar únicamente una psicóloga y una psiquiatra de la Seguridad Social que realmente me ayudaron. A día de hoy sigo usando sus pautas y son las que me han hecho salir a flote.

Quiero dar las gracias al Doctor Agra y a la psicóloga Magda de salud mental de Santiago de Compostela (ambos ya jubilados por mala suerte la mía).

P: Hoy tu abusador sexual está en la cárcel. ¿Tienes miedo para cuando salga?

A: Hace años que le perdí totalmente el miedo.

Cuando te pones enfrente de él y no es capaz de mirarte y camina con la cabeza agachada, te das cuenta de lo cobarde que es.

Y si algún día se le ocurre acercarse a mí, a mis hijos o a mi marido, no dudaré en saltar como una leona pese a mis limitaciones físicas.

P: ¿Te has sentido respaldada por el Estado Español frente a tus abusos sexuales?

A: Nunca.

En el 2003, tras una paliza que me dio (estuve encamada 45 días), el médico de urgencias interpuso denuncia por ello.

¿Sabes dónde tuve que regresar a las pocas horas de la agresión? A mi casa. La misma casa donde horas antes había acudido una ambulancia a por mí. Allí estaba de nuevo, con mi agresor sexual, psicológico y físico.

No tenía donde ir y ahí me sentí abandonada por mi propio Estado y por las propias leyes españolas mal aplicadas.

Las personas que sufrimos agresiones, abusos sexuales y malos tratos en el ámbito familiar estamos completamente abandonados.

Si se contempla violencia de género, hay un protocolo cuando es tu pareja, pero cuando hay agresiones físicas sin ser pareja, simplemente es violencia en el ámbito familiar.

En su día no tuve un techo donde ir, ni estar protegida, así que por presiones familiares tuve que retirar la denuncia.

A los pocos meses abandoné la casa familiar y me independicé; era mi vida o su vida.

P: ¿Crees que la justicia ha sido justa contigo?

A: No. Parecía yo la acusada, tenía que demostrar lo que ocurrió y no al revés.

Yo pasé pruebas muy duras de veracidad que duraron horas; eso trajo consigo mi último intento de suicidio.

A mi agresor se le aplicó la cuasi prescripción, con lo cual fue condenado a la parte que quedaba sin prescribir.

8 años de prisión y una indemnización de 35.000 €.

Sale barato violar en este país y por desgracia, en muchos países del mundo.

Leyes que se quedan cortas, delitos que no deberían prescribir jamás.

No existe condena justa para este tipo de delitos; son la forma más cruel de arrancar el alma a un niño o niña inocente. Y eso nadie te lo devuelve.

No creo en la reinserción de estas personas y las estadísticas están ahí; la gran mayoría vuelven a violar a menores.

Creo que ya va siendo hora de que se levanten todas las personas y retumben nuestras voces en todo el mundo, para que por fin nos oigan.