Arnaldo Otegui. Este nombre concita el odio, el desprecio y la controversia en todos los sectores de la sociedad española. Sectores que están comandados por el centro derecha, la derecha, el propio socialismo democristiano del Psoe y, por supuesto, por la extrema derecha.

Es decir, por casi el 90% de la población. Una población manipulada por estos odios transmitidos por los medios de comunicación españoles en prensa diaria, revistas, radio y televisión, ya lo sean con tendencia a la derecha, al centro derecha, incluido afines a este propio socialismo liberal. El principal argumento que se escucha contra Otegi, es que es un despreciable etarra que tiene manchadas las manos de sangre.

Sin embargo, si se echa un vistazo somero y objetivo a su biografía, a sus actos y su devenir político, los argumentos en su contra en este sentido empiezan a caer y no aguantan la prueba del algodón de las verdades contrastadas y de todo el resto del ruido no quedan nada más que las opiniones, más bien gruñidos, emitidos con las tripas y no con la razón ni la objetividad más elemental.

Cinco veces en la cárcel, ni una gota de sangre en sus manos

Arnaldo Otegi perteneció a la banda armada ETA desde finales de los años 70. E febrero de 1979, Otegi y Luis María Alkorta participaron en el secuestro de Luis Abaitua, director de la empresa Michelín en Vitoria. Tanto Otegi como Alkorta fueron los encargados de trasladar al secuestrado a un zulo de 2,50 metros de largo por 150 de ancho y 1,80 de alto. Allí lo mantuvieron encerrado durante nueve días antes de que ETA ordenase su liberación. Otegi fue juzgado y condenado por ello en 1985 a seis años de cárcel de los que, finalmente, cumplió tan solo tres.

Este es el único delito punible al que fue condenado de manera objetiva por haber atentado contra la seguridad de las personas. El resto de las otras cinco lo fue por motivos políticos o un, como este reportero indecente juzga dentro de su mazmorra, tocar los cojones a todo aquél que perteneciese, simpatizase, o estuviera en los aledaños de la banda ETA, sin importar si era simpatizante, administrador, que hablase de sus razones, si pertenecía a ETA Política, o a la ETA político militar.

Este reportero, despreció profundamente a ETA desde el momento en que la banda armada, aún a sabiendas de que estaba cavando su propia tumba, comenzó a no hacer diferencias entre colectivos a los que tenía puesto en su punto de mira, ejército, Policía, Guardia Civil, políticos contrarios radicalmente a sus tesis independentistas y sus maneras, empresarios que ellos juzgaban opresores de las masas trabajadoras, y pasaron a matar también a gente inocente de manera indiscriminada, es decir, a los que pasábamos por allí. Y luego finalmente, ese asesinato de Miguel Ángel Blanco, el concejal del Partido Popular, en las condiciones abyectas que todos conocemos el 13 de julio de 1997, fue la gota que colmó el vaso de toda la sociedad española.

Otegi, volviendo a la objetividad de los hechos ocurridos en su vida, pronto comenzó a luchar por su causa independentista más con el arma política que con las de fuego. Jamás fue acusado de ningún delito de sangre y ni siquiera lo fue de tenencia de armas.

En 1989, Arnaldo Otegui fue juzgado, y absuelto, por el secuestro del diputado de UC, Javier Rupérez. En noviembre de 2005 fue condenado por el Tribunal Supremo a 15 meses de prisión por llamar a Juan Carlos I, “rey de los torturadores”, sentencia que fue suspendida, no perdamos de vista que fue un delito por opinar, por el Tribunal Superior de Justica del País Vasco que, recordemos también, forma parte de la judicatura española. Por cierto que el Tribunal Europeo de los Derechos humanos, condenó al estado español a una multa de veinte mil euros por un haberse pasado por el forro de las pelotas la libertad de expresión de un ciudadano español, el ciudadano Arnaldo Otegui.

En 2007 la sala de lo penal de la Audiencia Nacional archivó la causa que Fernando Grande-Marlaska había abierto contra él por haber participado en una manifestación de homenaje al etarra Arkaitz Tazua, que había muerto en un enfrentamiento con la policía autónoma vasca. Así mismo fue absuelto por otro juicio que se celebró contra él por haber participado en el entierro de la etarra Olaia Castresana, que murió accidentalmente e en Alicante mientras manipulaba un artefacto explosivo. La fiscalía retiró la petición de 15 años de prisión que había pedido previamente contra él.

En 2010, enero, el Tribunal Supremo archivó la causa que había abierto contra Otegui, el lendakari Ibarretxe y el socialistas Patxi López, junto a otros, por haberse reunido con ETA durante el alto el fuego de 2006.

Arnaldo Otegui

Lo último que tenía pendiente Otegui era el caso abierto contra él por su presunta participación en le financión de ETA a través de las Herriko Tabernas. La Sección Segunda de la Sala de lo penal de la Audiencia Nacional decidió sacar del proceso a Otegui. Otegui se enfrentaba a una petición del fiscal de 12 años de cárcel por pertenencia a banda terrorista. La sala en cuestión entendió que Otegui ya fue condenado por este delinto a diez años de prisión, que quedaron reducidos después a seis años y medio por el Tribunal Supremo, en el llamado caso Bateragune, en el que fue acusado de militar en Eta. Nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo delito. Aparte de lo ya citado, Otegui no tiene más causas pendientes.

A pesar de todo lo expuesto, y sin dejar de lado el delicado bando que Arnaldo Otegui eligió para luchar por la independencia del País Vasco, que es a todas luces imposible, como lo es la de Cataluña, en realidad la manipulación informativa contra su persona, derivada hacia el linchamiento personal, que finalmente cae por parte de las audiencias televisivas y lectores de prensa en el insulto ad hominem, que siempre suele hacerse por malevolencia y que no es sino producto de la ignorancia.

Arnaldo Otegui no tiene ni un solo delito de sangre en su currículo. Y además se ha de destacar que fue uno de los primeros integrantes de la banda ETA que luchó públicamente por el fin de la lucha armada y el comienzo de alternativa política, además de uno de los artífices de las discusiones internas que ETA asumió que desembocaron finalmente en el fin de la lucha armada. No olvidemos tampoco que en 2012, Arnaldo Otegui fue el primer vinculado a ETA que pidió disculpas por el daño causado por la banda armada a lo largo de los años. Pero este reportero sabe que todos estos argumentos objetivos caerán en saco roto. Es mejor el espectáculo al estilo del montado por la tal Rociito en la calamitosa Tele5, pasándose por debajo de las piernas las sentencias judiciales a cambio de una buena entrada de dinero en su cuenta corriente. En este caso de Otegui por seguir alejando a la opinión pública española de los problemas reales.