Crisis en la Región de Murcia: ¡Qué cansera de políticos!

Crisis en la Región de Murcia¿Conmoción entre el murciano de a pie al enterarse de la noticia? Pues no. ¿Alegría, alborozo, satisfacción? Pues tampoco. Ni lo contrario, siquiera. 

La moción de censura con la que PSOE y Ciudadanos han obsequiado por sorpresa al presidente regional de Murcia, Fernando López Miras, y que traerá cola en la segura defenestración de varios alcaldes peperos (el primero, el de la capital de la región, cuyo el edil de Sanidad, Felipe Coello, ya se apresuró a vacunarse hace días, lo que le acaba de costar hoy el puesto), prácticamente trae al pairo al común de los mortales de esta Región, hastiado ya de jugadas políticas, desengañado del gremio y decepcionado de las triquiñuelas, prerrogativas sin cuento, poco buen ejemplo y mucho mal hacer de la clase gobernante regional.

Hay excepciones, claro, en ese otro mar murciano de abulia casi genérica: la de aquellos y aquellas más “sensibilizados” con el tema, ya sea por su condición de militante activo o por vivir de profesión, sueldo o/y cargo que de alguna forma dependa del organismo donde trabaje. También el tejido empresarial se ha ocupado, incluso preocupado, de la noticia, que corrió desde primera hora de la mañana como la pólvora por despachos y móviles de los jefes de mayor enjundia y poder económico.

Pero la mayoría de la población se enteró del tema con los telediarios de la tarde y, acabado el noticiario, la pasó de un plumazo a ese segundo plano donde vive la anécdota, o poco menos. Porque lo que manda en el trabajador de Murcia es otra preocupación distinta al vaivén político: la constante censura a que la pandemia tiene sometido al sector laboral, hostelero y turístico en concreto; las perspectivas de poder o no viajar en Semana Santa; la incógnita de cómo serán las vacaciones de verano y, por supuesto, también si la autoridad al cargo será capaz de subir el ritmo de vacunación contra la COVID, de saber cuándo le tocará a cada uno, y cuál será el tiempo de inmunidad adquirido…

Porque de la clase política ya está el murciano suficientemente escarmentado y, por ende, decepcionado. Que son muchos años de tomaduras de pelo.  El grito, presunto, de “tonto el último” a la hora de correr a vacunarse cientos de afortunados fue, hace días, la gota que colmó el vaso del desengaño del murciano hacia los, y las, ejemplares que le mal gobiernan. Tanto en política, como en sanidad e incluso en la iglesia. Y sus aledaños respectivos.

Así se explica que ahora, hoy, acojan los murcianos y murcianas con mucha desgana, abulia (esa “cansera” que cantara el poeta de esta tierra) el inesperado rifirrafe que traerá nuevos dueños a las poltronas oficiales. “Más de lo mismo”, sería la frase más oída entre el personal no especialmente sensible o interesado en el vaivén de la cosa política, vacunado ya de espanto contra ella… Y son una gran mayoría, claro. Tan silenciosa se muestra como desinteresada. O sea, harta, aburrida hasta la saciedad. Desengañada de historias fatuas y promesas incumplidas. Del “y tú más” que a nada práctico conduce.

Crisis en la Región de Murcia

¿Moción de censura? ¡Ja!  ¿Y a mi qué?

¿Y por lo demás? ¿Lo noticiable del tsunami político murciano? ¿Qué se cuece en los cenáculos? Pues no mucho: el repentino rasgar de vestiduras del todavía presidente regional; cese inmediato de la “ciudadana” portavoz instigadora de la moción; algún dato lógico que trasciende del acuerdo para desbancar al “panochari” murciano y que incluye un equitativo cambio de estampitas (léase formalmente adscripción de consejerías) conforme a  los  resultados electorales de PSOE y Cs, para que de ese modo logre presidir la Comunidad la líder de la formación naranja, Ana Martínez Vidal, pero con los socialistas con mayoría en el Consejo de Gobierno.

Así, el próximo Ejecutivo murciano tendrá nueve consejerías, una menos que ahora: seis para los socialistas y tres para Cs.
Además, el PSRM pretende que la vicepresidencia sea para un alto cargo de su partido, seguramente su secretario general, para compensarle por haber tenido que renunciar a la presidencia del Gobierno pese a haber ganado las últimas elecciones autonómicas.

Lo dicho: ellos centrados ahora en el cambio de estampitas que tanto critica el ciudadano alejado de la cosa política, cuya mayor preocupación es saber en qué le va a beneficiar a él y a su precaria situación económica y laboral esta crisis de gobernantes que cree tan alejada del pan nuestro de cada día. 

Y, así, pocos murcianos confían en la bondad o eficacia de las medidas ya acordadas entre  PSOE y Cs para los próximos dos años: refuerzo de la sanidad, mejora de la educación, volver a la educación en las aulas y no sólo en los ordenadores, aumento del techo de gasto para añadir 160 millones de euros a más infraestructuras… y poco más.

De ahí ese nulo interés entre el murcianico por saber quiénes serán las nuevas caras (dicho en el mejor sentido) de su Gobierno, que volverá a tener una mujer, otra Martinez, al frente por segunda vez en su historia, 37 años después de que lo fuera la socialista María Antonia Martínez, la primera presidenta de una autonomía en España.

Esperemos a ver qué nos depara la “presi” Ana María, (¿la Ayuso murciana?) y por cuánto tiempo.