Otro día de la mujer igual al de cada año y al del año que viene…

dia de la mujer

Perdonad por el título del artículo, eh, pero es que no me quito de encima esa terrible sensación de estancamiento. Ese déjà vu terrorífico que ahoga, que oprime, que asfixia y que mata; porque nos siguen matando y seguimos engrosando las estadísticas del horror.

Esta tarde he visto el documental Nevenka en Netflix. ¿Os acordáis de Nevenka? Una chica joven y atractiva, concejala en el ayuntamiento de Pontevedra que fue acosada sexualmente por el alcalde. La persiguió, la acorraló, la vejó, la ultrajó, la violó, le destrozó la autoestima, le arruinó su presente y su futuro. Pero ella tuvo los santos de denunciarle. Y tuvo la osadía de ganar el juicio. No, no me he equivocado de sustantivo, ya me gustaría, pero no. Fue valiente porque fue la primera en denunciar algo así en España y fue osada por ganar el juicio porque a consecuencia de ello tuvo que irse del país. Y no hace tanto de eso, el juicio se celebró en el 2001. Así que en España, en pleno s XXI, una mujer acosada, destrozada moralmente, con secuelas físicas y psicológicas causadas por el denunciado gana el juicio contra él pero la que se tiene que ir del país es ella. Porque ganó en los juzgados, pero no en la sociedad, no en la calle, no en su ciudad. En la calle seguían señalándola a ella, culpándola a ella. Sí sí, aquello de “a mí no me acosan si no me dejo”, “si es que mira la ropa que lleva, provocando todo el día”.

Veinte años hace de lo de Nevenka. Y lo que se sigue oyendo en la calle es taaan parecido que da nauseas. ¿Oísteis los comentarios machirulos en la gala de los Goya? Seguro que sí, los pasó TVE mientras filmaba la salida de los asistentes: que si esta sí que está buena, que si la otra parece una puta… Y esa calle es nuestra calle, nuestra sociedad, nuestra ciudad, nuestros vecinos. Pues eso, el eterno día de la marmota.

Porque al final, la calle es un reflejo de nuestro entramado social y en ese entramado social la marmota es la puta ama: sigue habiendo una brecha laboral infame, desigualdad, abuso de poder, machismo, maltrato, acoso. Las mujeres seguimos teniendo miedo por ser mujeres. Y nos siguen asesinando y acorralando y culpando. Porque claro, nosotras tenemos la culpa en origen. Ahí tienes a Caín que mató a su hermano y que, bueno, no debería haberlo hecho pero son cosas que pasan. La mala mala mala es su madre, Eva, que… ¡se comió una manzana! Qué desvergonzada. De hecho, si Eva no llega a comerse la manzanica, Caín no hubiera matado a su hermano. Y seguimos siendo Evas en nuestras calles, en nuestra sociedad. Seguimos siendo violadas por ir provocando o por haber bebido. Nos matan porque… bueno, algo habremos hecho.

Hoy, 8 de marzo, ha saltado de nuevo la maldita noticia: Una mujer resulta herida grave tras ser apuñalada por su ex pareja en Valencia. ¿Hasta cuándo? Y tenemos que seguir soportando esos mensajes infames de que la violencia no tiene género, que los hombres ni violan ni matan, violan los violadores y matan los asesinos. ¡Anda, la hostia! ¡Pues claro! Pero es que resulta que más del 90% de los crímenes mundiales los cometen hombres y el 99,9% de las violaciones las cometen hombres. Nadie dice que todos los hombres son violadores pero es una realidad incuestionable que todos los violadores son hombres. La violencia sí tiene género. Pero cuando no se acepta la premisa principal… apaga y vámonos.

Nos queda mucho camino por recorrer, muchos 8 de marzo por defender, mucho por educar. No cabe ninguna duda de que la educación es la clave. Educar en igualdad, en responsabilidad, en equidad. Desde muy pequeños. Es la única manera de salvarnos, de liberarnos, de dejar de tener miedo…

Evas no sé si hemos sido, pero brujas seguro que sí porque otra cosa no pero quemadas, estamos un rato.