Emiliano Caridad manda desde España cuentos de todo el mundo viejo de la mejor manera a Violeta, la hija de unos amigos y que radica por un tiempo en La Habana, donde cuenta de qué forma es la civilización y las vivencias que vive en esa Cuba risueña, oculta y asombroso. Esta es la propuesta que emplea el escritor Mateo Fernández Pacheco Martín en su novela Tagherot (editorial Tregolam).

El estilo natural y dinámico del creador hace que el lector se traslade a lo largo de toda la novela a La Habana mediante los ojos de Violeta, a través de las especificaciones tan detalladas de la civilización, las prácticas y la multitud que la habita. Además de esto, visto que la historia esté contada desde 2 perspectivas tan dispares (Violeta en Cuba, con sus experiencias recientes, y Emiliano en España, a través de sus cuentos de tiempos viejos) causan que la lectura sea muy entretenida y dota a la obra de una agilidad y singularidad presentes en todas y cada una de las páginas que la conforman.

«La experiencia fue complicada y muy incitante, una vida novedosa, diferente. Tagherot se lleva a cabo en su mayor parte en Cuba y está fundamentada en hechos reales, pero sin mayor dramatismo. Pienso que debe escribirse de lo que uno ve y de lo que siente, o de lo que pasa a su alrededor; claro que la literatura engaña, pero esa patraña es la esencia del relato. Los cinco años que viví en La Habana podrían ser los mucho más contentos de mi vida, eso es esencial».

Violeta sumerge al lector de lleno en su historia diaria, mientras que aprende sobre la localidad a la que se ha mudado y conoce a personas con las que crea una bonita amistad, como con Patricia, una muchacha de quien se hace amiga en los primeros días de su estancia en Cuba, o un vínculo muy particular y diferente, como sucede con el diplomático Tom, que tiene una visión incógnita; Máximo, un hombre sereno y conformista con la vida, o Will, que robará el corazón de la joven. Todos los individuos tiene voz propia y consiguen que los que leen se sientan determinados con ellos.

«La multitud que está de paso se vincula bastante con la gente con las que coincide. Eso me dicen, y es cierto. Los individuos van y vienen, en el final de la página o a la mitad, se van a su casa, no se debe dudar que tienen vida propia. Quisiera que todo el planeta se sienta reconocido, y, si no es de este modo, que piensen qué otra persona sería ellos mismos en la novela. Yo me siento como un niño pequeño, inocente y interesante».

Tagherot es ese paso, desfiladero, puerto o puente por el que se consigue atravesar a mundos, diferentes y reservados, a través de los que se procura entrar a las claves de un cosmos inexplicable y de las confusas conmuevas humanas.

Con una atmósfera de vitalidad y de independencia, Mateo Fernández Pacheco Martín muestra en su novela temas como la vivienda, la familia, la amistad, el cariño o la búsqueda de la alegría, temas muy presentes hoy en dia y de escencial relevancia para el hombre.

Tagherot es una obra verosímil, libre de tópicos y prejuicios, que cautivará aun a los que leen mucho más rigurosos. La sapiencia con la que el escritor lleva a cabo la trama se refleja en unos individuos realistas que guiarán al lector en un paseo por lograr la alegría y la sensación que se siente en el momento en que, pese a estar lejos de casa, está y se edifica un auténtico hogar.

Los que leen van a aprender que las conmuevas se tienen la posibilidad de entender o aun comunicar, ya que siempre y en todo momento están presentes, al alcance, si bien su administración o aceptación todavía suponga un secreto.

«Lo esencial es lo que nos conmueve del otro; tras todo, es otra persona. No sé si esto se refleja en el libro, pero procurarlo es un mérito».

Indudablemente, una iniciativa atrayente, novedosa y enérgica que va a hacer que el lector se pierda por las calles de La Habana o recorra la historia vieja mucho más ignota.

La novela de Mateo Fernández Pacheco Martín ahora está libre en las librerías en línea para todos los que leen que procuren una historia que les deje viajar y conmoverse.

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Fuente: Comunicae