José Mendez, colega principal creador de Mendez Lit Abogados (www.mendezlit.com) examina los tres fundamentos por los que el coliving no posee el encaje legal en el derecho español: El primero, por el hecho de que esta figura no posee cabida en la LAU. Seguidamente, pues esta exclusión LAU transporta al régimen general y también inespecífico del código civil, lo que crea inseguridad jurídica al usuario. Y finalmente, pues si como se proviene de su término de coliving, a la prestación residencial se le unen otros servicios, se escapa del campo de regulación civil.

Nuestra naturaleza del coliving transporta aparejado el ofrecimiento de servicios de diversa naturaleza que son extraños a la pura relación residencial. Algún ejemplo: lavandería, catering, limpieza regular de la estancia u organización de acontecimientos. Por definición, si a la prestación (civil) de estancia residencial, sin dependencia el nombre que se le de, se le añade alguno de estos servicios u otros que se desee, va a dar sitio a un hospedaje, figura que el Código Civil regula de forma anacrónica ya que data de finales del siglo XIX. Y esta es la cuestión. Superado el contrato de hospedaje del Código Civil por existir una regulación particular, la turística, su campo forma parte íntegramente al territorio administrativo, con lo que cualquier servicio complementario añadido a la vivienda va a llevar a la esta última.

Según José Mendez, «Esta es la situación que todo promotor de un coliving desea eludir. Para esto, entre las resoluciones que se barajan (y que no avalo) es la creación de una composición bicéfala, por la que, una sociedad da, vía alquiler – civil – la prestación residencial, y otra -teóricamente extraña y también sin dependencia- presta los servicios complementos. Así, se “escapa” de la regulación turística, sus implicaciones fiscales y mayor presión regulatoria – administrativa -«.

Empleando la imaginación – jurídica – se podría activar una solución. Teniendo en cuenta de que para lograr rentar (bajo LAU) se precisa una “estancia” habitable, esto es, autónoma – no una fácil habitación, podría habilitarse un edificio íntegro o una parte de él, que no llevara aparejada división horizontal y que fuera solo una finca registral. Esta podría dividirse físicamente en estancias como técnica y de manera comercial se quiera. Y de aquí brincamos a su alquiler, pero de cada estancia, sino más bien sobre la integridad de la edificación del coliving a cada usuario, que disfrutaría de una cuota de empleo privativo a todas las divisiones. Este contrato sería por adhesión para cada usuario sobre la integridad completamente, dando usos únicos en estancias específicas y otras recurrentes o compartidas. Se trataría de una suerte de coarrendamiento. Resulta complejo, pero viable. Se ha de ser conscientes que esta solución llevaría aparejado serias adversidades de administración y control, como de este modo la exigencia de un reglamento de régimen interior que regulase las relaciones entre los individuos, sin olvidar la necesidad de una delimitación muy fina de la naturaleza del contrato.

Otra solución, asimismo teorética, es proyectar la figura del coliving sobre empleo urbanístico un poco difuso, pero que, por su naturaleza, resulta muy aproximado por término. El “residencial comunitario”. Debiendo poner atención a de qué manera es concebido este empleo en las distintas leyes de suelo de cada CCAA, resulta revelador que el coliving sea de manera significativa similar a las viviendas de alumnos. «Poniendo como un ejemplo La capital de españa y su PGOU, este empleo se interpreta de forma general, como una tipología del empleo residencial (lo que es una salvaguarda a unos de los primordiales óbices de esta figura) donde, de forma conjunta, viven en una sola edificación personas a las que une un vínculo común. En ellas hay estancias privativas y elementos vivideros recurrentes. Por consiguiente, este empleo no siempre necesita que sus individuos sean alumnos o mayores, sino su elemento característico es la presencia de un vínculo -alguno – entre los habitantes. Por consiguiente, queda abierta esta oportunidad, por supuesto, sin que haya de ser descartada. No hay que confundir las viviendas con los institutos mayores, siendo esta una cuestión mucho más mucho más complicada con la que se hallaría en el lote del suelo de carácter o empleo dotacional», enseña el especialista legal.

Todo lo mencionado es un ejercicio puramente teorético que demandaría un análisis de hondura. No obstante, y o sea lo fundamental, no es oro todo cuanto relumbra en el planeta coliving, cuando menos en España. Va a ser cuestión de localizar la veta hasta mientras la Administración no lleve a cabo empleo de su función regulatoria ya que, de proliferar este “negocio”, va a caer por su peso y por necesidad de orden público, una regulación ad hoc de naturaleza administrativo-turística que regule el coliving, así como pasó con las casas turísticas.

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Fuente: Comunicae