La afectación mucho más obvia del mal es que hace una disminución de la movilidad, lo que tiene secuelas directas sobre la actividad día tras día de la gente, “Movimientos comunes y corrientes como levantarse de la cama, ponerse parado o sentarse tienen la posibilidad de transformarse en complejos; y si hablamos de alzar pesos o efectuar movimientos repetitivos, llegan a ser prácticamente inviábles de efectuar”, asegura el fisioterapeuta y especialista en terapia de calor Pablo de la Serna.

Pero hay asimismo dolencias menos obvias que influyen de manera negativa en la calidad de vida de la gente que padecen mal. La disminución del “apetito popular” es una de ellas. La experiencia dolorosa de forma frecuente ordena a anular o postergar las ocupaciones sociales. Como resultado, enseña De la Serna, “aparece una inclinación progresiva al aislamiento e inclusive sentimiento de culpa o vergüenza, en especial en esos casos en que el mal es recurrente o crónico”. Además de esto, este sopor popular, “tiene la posibilidad de tener asimismo un encontronazo agregada en la condición física de la gente, lo que piensa un círculo negativo para la salud del tolerante”.

Del mismo modo, el mal tiene un encontronazo sensible negativo en quienes lo padecen. Se altera el estado anímico y brotan la apatía, la carencia de energía y la preocupación. Es frecuente, según el fisioterapeuta, que “reduzca el interés por el trabajo o las ocupaciones familiares. La gente tienen la posibilidad de sentirse ineficientes, atacables e inclusive responsables por no poder continuar comunmente con su actividad día tras día”. Al fin y al cabo, “el mal hace un velo de conmuevas que estropea por un tiempo la calidad de vida”, asegura.

Por todo ello, es esencial una aceptable prevención y un régimen efectivo del mal. En la situacion del musculoesquelético, una adecuada posición, actividad física correcta según la condición de cada individuo y una dieta balanceada, indudablemente, asistirán a eludir capítulos de mal. Y en el momento en que estos brotan, la fisioterapia y la utilización de la terapia de calor, específicamente, tienen la posibilidad de mitigar los efectos negativos del mal. “Una aceptable solución en estas situaciones es la utilización de parches de calor, que incrementan el fluído sanguíneo, calman del mal y asisten a la relajación de los músculos, ocasionando efectos positivos y reduciendo el encontronazo físico, popular y sensible[1]”, concluye Pablo de la Serna.

Nota: Enlazan imagen “¿Sabías que… el mal perjudica física, popular y emotivamente?”

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[1] Nadler SF, Weingand K, Kruse RJ. The physiological basis and clinical applications of cryotherapy and thermotherapy for the pain practitioner. Pain Physician: 2004:7:395-399.

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Fuente: Comunicae