Las infantas se vacunan: ¿Y qué?

Gran escándalo mediático y rasgado de vestiduras porque las infantas Elena y Cristina han ido a ver a su emérito padre a Abu Dabi y se han vacunado contra el Covid. “¡Qué vergüenza!” suelta la inteligente periodista Cristina Pardo en Twitter, y digo que es inteligente sin segundas intenciones irónicas, porque creo que ha demostrado sobradamente que lo es, menos ahora; “¡qué escándalo!”, “¡qué indignación!”, “¡qué atraso, hay que abolir ya mismo la monarquía!”, se exasperan otros muchos, sin inteligencia alguna. No se habla de otra cosa.

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Las infantas se vacunan: ¿Y qué?

A Juan Carlos I, rey emérito, a sus hijas las infantas Elena y Cristina, a sus yernos (exyerno, en el caso de Marichalar) y a sus nietos (especialmente al nene, Froilancito) hijos de las dichas infantas, se les puede reprochar casi de todo. O de todo, cuando se han aprovechado de sus privilegios, que desde luego lo han hecho, y Urdangarín y Marichalar no son ajenos a estos desmanes.

Al abdicado rey Juan Carlos se le puede achacar el ser un “bragueta floja”, con flojera inversamente proporcional a su “priapismo ejerciente” (¿con viagra, dada su edad?) por los montes de las más variadas “Venus”. Corinna por Corona. Que dicen las “gargantas profundas” que le rodean que hubo un tiempo en que le echaban bromuro en la comida, para frenar su fogosidad.

Incluso a los actuales reyes se les puede reprochar alguna cosa y algún “secretillo” de esos que todo el mundo (repito: t-o-d-o/e-l/m-u-n-d-o) tenemos (¿verdad que sí, Letizia, reina?)

Si cualquier españolito de a pie, de cualquier raza, fe, ideología, creencias y condición, tiene “por disposiciones” (que riman con “c_jones”) que vacunarse para ir de un país a otro, el escándalo sería que ellas dos no lo hicieran, vamos, digo yo. Pero como aquí no se mira a la luna sino al dedo que la señala, pues hacemos noticia de lo que no lo es.

Y es que a los arribistas que se han aupado a las esferas del poder para pisar moqueta en La Moncloa, y pisotear la Constitución, ya de paso, les conviene armar polvareda con estas cosas, no vaya a ser que alguien pregunte por qué el Gobierno de Pedro Sánchez pierde miles de vacunas de Pfizer por no prever que tenía que haber adquirido las jeringuillas adecuadas (¿responsabilidad directa de Salvador Illa, o de “la nueva” en Sanidad, Carolina Darias?) O por qué desde Bruselas nos mandan miles de dosis y el Gobierno “pierde” (un suponer) 26 mil dosis por el camino, en su reparto a las comunidades autónomas.

Que vamos, que conviene que la gente se distraiga atacando sin sentido a las instituciones del Estado, y con sentido al PP (porque se lo tiene merecido, y llevará consigo, bien embaladas, todas sus lacras en la mudanza), antes que fijarse en “pequeños detalles” como las imputaciones e investigaciones judiciales abiertas y condenas por la comisión de presuntos delitos a Podemos.

Por ejemplo, las investigaciones judiciales por desvío de fondos electorales; la investigación judicial a su secretario de Organización y diputado, Alberto Rodríguez, por haber dado una patada a un policía, presuntamente, claro, que el golpe al agente puede haber sido inventado y el policía haberse llevado una ostia sin saber de dónde, ni de quién, le ha venido; por la investigación judicial abierta contra Juan Carlos Monedero y Juan Manuel del Olmo, por el “caso Neurona” (¡vaya, hombre! La única que tiene toda esta panda y les sale rana); por la investigación judicial a Daniel de Frutos y a Rocío Val, por su “aumento de sueldo», y el de otros cargos del partido, mediante la inclusión de un “complemento” en la nómina (y España en crisis, ERTES y cierres empresariales, recordemos…)

O, por ejemplo, por la condena judicial a la pareja sentimental de Del Olmo, Isabel Serra, tan guapita ella, condenada el año pasado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid a 19 meses de cárcel por “atentado a la autoridad, lesiones leves y daños” (sentencia recurrida en el Supremo, otra ostia sin saber de dónde procede); o a Pablo Echenique, condenado por acusar de violador a un inocente muerto, y sancionado por tener a una cuidadora y empleada doméstica sin contrato ni darla de alta en la Seguridad Social, contraviniendo sus obligaciones, las que marca la ley que obliga a todos.

Pero de todo esto la culpa la tienen las infantas, el emérito y el sursuncorda. O Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre e Isabel Díaz Ayuso (¡mi Isabelita del alma!), evidentemente, quienes con Pablo Casado (ya hablaremos de sus muchísimas carencias y defectos, que los tiene y bien gordos), estos cuatro «peperos», son los cuatro jinetes del apocalipsis.

Y de todos estos polvos vienen los lodos en los que nos hayamos inmersos. Pero lo importante es cargarse la monarquía e implantar la república, un sistema “químicamente puro” y tremendamente justo, como bien se puede comprobar en las repúblicas bolivarianas (Venezuela) y en alguna europea, como la francesa (Nicolas Sarkozy acaba de ser condenado a tres años de prisión por corrupción y tráfico de influencias, por ejemplo).

No. Ni el presidente Pedro Sánchez ) (“¡guapo, queremos un hijo tuyo! Tan monísimo él y tan machote, junto a la apisonadora destructora de las armas de ETA y junto a Bildu, que para este «súper-presi” no hay imposibles), ni ninguno de los veintitrés miembros del Gobierno de coalición de socialistas con podemitas, veintitrés, tienen la culpa de nada. «Angelicos»…