Las sorprendentes coincidencias de La Irene Montero de Ayer y de hoy.

Hubo una vez en España una mujer que detestaba que a las mujeres se les pretendiera “inculcar una visión pasiva de la vida”; que denunciaba que “las derechas, por tradición, concebían a las mujeres como objetos de uso, como muñequitas para el placer, como madres que parían y criadas que cosían…”; que opinaba que “la Iglesia no debía intervenir en política”; que se autodefinía como “la principal competidora de la visión eclesiástica sobre las mujeres”.

Hubo una vez una mujer que quería una España “igual para todos”. Pongan ustedes los “sic” tras cada entrecomillado, porque son sus expresiones literales y “sic” es la abreviatura de “sic erat scriptum”: “así fue escrito”.

Cuando a esta mujer la criticaban, ella replicaba: “es muy fácil acusar, y muy cómodo. Porque quien acusa queda libre inmediatamente de culpa”… La llamaban “revolucionaria”. Se mostró muy “beligerante contra la casta”. No pudo liderar un partido político, porque un hombre ya lo lideraba, pero trabajó duro para lograr “un acercamiento a la igualdad de derechos con los hombres”.

Hoy tenemos en España a otra mujer, que fustiga a las derechas, tan machistas, y que como aquella otra del pasado se considera “revolucionaria” y “beligerante contra la casta”. Una mujer que pregona “la igualdad de derechos” de las personas, independientemente de su género. Una mujer que habría podido liderar su partido, de no ser porque su pareja masculina ya lo lidera desde que fue fundado, y no se apea del machito (nunca mejor dicho).

Esta mujer de hoy pudo ser vicepresidenta del Gobierno de España, pero se ha quedado en ministra, porque la vicepresidencia la ocupa él: su pareja masculina. Ella es la ministra de Igualdad y proclama, en sede parlamentaria y bien alto, que se acuesta con quien quiere, ¡faltaría más!, aunque a quien quiere es al hombre que dijo que azotaría a otra mujer.

La mujer que hubo una vez, en “el ayer” de España, se llamaba Pilar Primo de Rivera. La mujer de hoy es Irene Montero y comparte techo y lecho con el vicepresidente Pablo Iglesias, el mismo que no hace tanto manifestó que “azotaría hasta hacerla sangrar” a la periodista televisiva Mariló Montero ¿Será que la coincidencia de apellidos le da morbo? No me consta, por supuesto. Pero me da que pensar.

Pilar Primo de Rivera era hermana de José Antonio Primo de Rivera, ambos hijos del dictador Miguel Primo de Rivera. José Antonio fue el fundador de la Falange Española. Como Pilar no pudo fundarla, porque lo había hecho su hermano (por eso, y porque la mujer española quedaba relegada a un papel más que secundario y sin derechos), creó la Sección Femenina, falangista.

Desde esta organización, Pilar Primo de Rivera adoctrinó a generaciones enteras de mujeres españolas en la sumisión a las componendas sociales del Régimen de Franco. Pero hacía todas estas afirmaciones aquí entrecomilladas (recuerden el sic) que son perfectamente asumibles, sin matices, por los hombres y mujeres de hoy. Hombres como Pablo Iglesias y mujeres como Irene Montero. La diferencia radica en la sinceridad con la que se dicen y en la intencionalidad de quienes las pronuncian.

Hoy, Irene Montero ocupa el despacho de Igualdad para intentar sacar adelante una “Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual”, a la que el propio Gobierno del que ella forma parte ha echado el freno, pidiendo desde el Ministerio de Justicia un anteproyecto «más acabado» (otra vez sic), que incluya «el criterio y las observaciones de otros ministerios».

Irene Montero es la ministra de Igualdad. Pero se abstiene, como todo su partido, Podemos, de aprobar la “Proposición de Ley de Igualdad de Trato” presentada por sus socios de Gobierno, el PSOE. “Proposición de Ley de Igualdad de Trato” más conocida como “Ley Zerolo”, en memoria del difunto Pedro Zerolo, líder carismático de la lucha LGTBI por la igualdad de derechos de las personas Lesbianas, Gays, Transgénero, Bisexuales e Intersexuales.

¿Y por qué la otrora vicepresidenta ‘in péctore’, hoy relegada a ministra, Irene Montero, que lo es “de Igualdad”, no apoya una ley “de igualdad”? Respuesta: por un berrinche.

Irene Montero quería sacar “su” Ley Trans, que la “Ley Zerolo” bloquea porque, a decir de los socialistas, (Carmen Calvo, mismamente), es necesaria «una ley de alta calidad» dentro «del marco de la Constitución» y la «seguridad jurídica» propia de un texto legislativo que afecta «a los derechos» de los ciudadanos. Sigan ustedes poniendo “sic”.

O sea, más claramente: la Ley Trans de Irene Montero ni tiene calidad, ni entra en la Constitución, ni aporta seguridad jurídica a los españoles. Olé y olé.

Irene Montero ocupa el despacho ministerial de Igualdad para imponer un lenguaje inclusivo, varias veces criticado por la Real Academia de la Lengua (RAE); por artificioso e incorrecto. El lenguaje crea y condiciona el pensamiento y la Montero (Irene, no Mariló) parece que quiere seguir los pasos de Pilar Primo de Rivera en el adoctrinamiento, con la misma verborrea “revolucionaria”, aunque en un sentido diferente.

Hay que ver qué empeño tienen todos los totalitarios en “amaestrar” al personal con tanta palabrería demagógica, en vez de dejar que cada cual piense lo que le venga en gana. Vive y deja vivir”.

Pero los hechos son los hechos y, como Pilar Primo de Rivera, o Carmen Polo de Franco, la esposa del dictador, cuando aparecían en el NODO de aquella España trasnochada, Irene Montero aparece en esta España (¿moderna?) en un vídeo que ella misma ha subido a las redes sociales, siendo agasajada por sus subalternos ministeriales con motivo de su cumpleaños y para mayor gloria de su autobombo.

Pilar e Irene: almas gemelas.