Nos estamos muriendo, cabrón – Asesinada

Los femicidios crecen cada día, y tú ni enterado. ¿Hasta cuándo?

Asesinada, No fallecida.

Por Maggie Costantino

Mirna Palma. 44 años. Asesinada a tiros el lunes en Formosa, Argentina, por su ex pareja, Carlos Medina.
Yorka González Barrera. 52 años. Asesinada a golpes el lunes en Puente Alto, Chile, por su conviviente.
Jhennifer Loaiza. 15 años. Asesinada con arma blanca en Antioquia, Colombia. La encontraron en un caño los Bomberos municipales.

Nos estamos muriendo, cabrón, te he dicho. ¿No te enteras?

En Ciudad de México, detuvieron este fin de semana a un hombre que arrastraba en plena calle el cuerpo de una mujer.
En Ventanilla, Perú, hallaron en la casa de su expareja el cádaver de una mujer que había desaparecido el día de San Valentín, luego de haber salido a cenar ceviche con el presunto asesino.
En Madrid, una mujer de 51 años se convirtió el domingo en la tercera víctima de violencia de género de este año, a manos de su expareja, que le disparó a sangre fría con un arma de fuego frente a la hija de ambos.

Nos estamos muriendo, cabrón. ¿Aún no te alcanza?

Cuéntame tú qué deberíamos hacer para que te sacuda la cabeza y empieces a luchar por nosotras. ¿Un listado mundial de los nombres que se suman día a día a la biblia de muertas por femicidio? ¿Quedar en una plaza pública y apilar sus cadáveres? ¿Hacerle a tu madre y a tu hermana lo que le hacen a las demás para que vivas en carne propia el dolor desgarrador de perderlas, y así, tal vez, reacciones?

Yo sé que el feminismo te vale madre. Que el pañuelo verde te lo pasas por donde no te da el Sol. Que lees los periódicos y pasas de página cuando encuentras un rostro femenino interfiriendo con tu sección de Deportes. Que no se te cae una lágrima por la desconocida que ha sido molida a palos por su marido, sólo porque había salido a por unas cañitas con amigas.

¿Qué tenemos que hacer, cabrón, para que levantes la voz por las que ya no pueden gritar? Si no ha valido nada crear un Ministerio de Mujeres en Argentina. Porque Mirna Palma está muerta. No ha servido en Chile decretar al 19 de diciembre como el “Día Nacional Contra el Femicidio”. Porque Yorka González Barrera está muerta. Ha sido en vano el programa “Mujeres seguras en cuarentena” instalado en Colombia. Porque Jhennifer Loaiza está muerta.

Nos estamos muriendo, cabrón. Y el mundo entero mira de reojo como una nueva mujer se desangra a cada hora. Los asesinos caminan libres por la calle, te pasan por el costado, hostigan a las familias de las víctimas, sonríen sin condena. Los condenados, que de esos también hay, de vez en cuando, se casan en el trullo, tienen hijos mientras cumplen con su pena, son liberados por buena conducta, y quizás vuelven a matar. Sí, aunque no lo creas, cabrón, eso pasa. Vuelven a denigrar, golpear, lastimar, y hasta matar a sus nuevas presas. Porque las presas siempre son ellas, aunque sean ellos los que han estado encarcelados.

¿Qué se aprende en prisión? ¿Un nuevo oficio, una carrera universitaria, nuevas formas de infligir dolor? Qué más da, ¿verdad, cabrón? Si tú estás muy cómodo en tu sillón, delante de la tele, mirando Pasapalabra en el mismo momento en que un tío cualquiera empuña un cuchillo y degolla a su ex, y ni te enteras.

Oye, que no sólo te culpo a ti. ¿Dónde está el Estado, que debería protegernos con su mando paternalista, casi machista, y que en su lugar sólo sale a enarbolar la bandera del “Ni una menos” cada vez que aparece un nuevo cuerpo maltrecho? Yo que ellos dejaría bien a mano esa bandera, que en Argentina matan a una mujer cada 29 horas, y así en todo el planeta. ¿Dónde están las políticas de género reales? ¿Por qué el Estado espera a que la mujer sea cadáver, y desoye el ruido de los insistentes botones de pánico que resuenan en cada rincón de cada ciudad de cada país?

Estamos solas, cabrón. Solas contra el mundo. No ha sido suficiente inundar las calles con nuestros colores, pidiendo su atención, por favor, que nosotras siempre educaditas y sumisas. No ha bastado con mostrar las tetas en cadena nacional contándoles que nuestro cuerpo es nuestro, que no es no, y que “ni una más, ni una menos”.

Tú sólo has visto una marea verde y otra violeta. Nosotras, bien sabemos que ambas olas se funden en un marrón sangre que nos chorrea por dentro y por fuera. Nos estamos muriendo, cabrón. Haz algo de una buena vez.