Pablo Hasél, detenido por delincuente

Pablo Hasel

Por Carlos Matías

A Pablo Hasél se le ha detenido POR DELINCUENTE

“¡Oh libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”, exclamó el 8 de noviembre de 1793 Madame Marie-Jeanne Roland de la Platiere desde el patíbulo de la Plaza de la Concordia, en París, justo antes de ser decapitada por la guillotina de la Revolución Francesa, que ella misma había apoyado con pasión y de la que fue declarada “heroína”.

Pues bien, más de dos siglos después, unos “revolucionarios” de pacotilla, ignorantes de la historia y de todo lo demás, perpetran la barbarie por España y arrasan violentamente varias ciudades y saquean los comercios, en “defensa de la libertad de expresión”, o eso dicen, mientras rompen escaparates para robar prendas de Gucci, relojes Cartier y carteras Samsonite, pues “todo vale para el convento” de la “lucha proletaria”. Vaya si vale; que no se llevan un “boli” Bic, que escribe fino, sino una pluma Montblanc o un Montegrappa.

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La “libertad de expresión” que estos “encefalogramas planos” defienden es la de un delincuente convicto, varias veces condenado por la Justicia, entre otras cosas por agredir a un periodista de la cadena autonómica catalana TV3 quien, cumpliendo con su labor informativa, le grababa en imágenes durante su agresión a otras personas que no pensaban como él.

“Libertad de expresión” del delincuente, para alentar a las organizaciones terroristas a que le maten a usted. Sí, sí, a usted, no mire para otro lado. Y a usted también. Y a su marido o a su esposa. Y a sus hijos. Y a sus padres. Y a sus nietos. Y a sus hermanos.

Este delincuente se llama Pablo Hasél. Un “rapero” del tres al cuarto, con el “cerebro rapado”, que se dedica a proclamar públicamente, una y otra vez, que quiere que vuelvan a asesinar los comandos del Exèrcit Popular Català, los mismos que en 1977 (comienzos de la Transición democrática española) pusieron una bomba en el pecho al empresario José María Bultó y la hicieron estallar para que las entrañas de la víctima se esparcieran por todas partes, descuartizado y volatilizado.

Pablo Hasel

Este delincuente que quiere que vuelvan los Grapo, para que sigan con sus crímenes como el que cometieron contra el empresario soriano Publio Cordón, en 1995, previamente secuestrado, y con la democracia consolidada en una España que ya llevaba diez años dentro de la Unión Europea.

Este delincuente que, por si ustedes no lo saben, alienta a los terroristas de Al Qaeda y a sus acólitos, para que vuelvan a poner explosivos en los trenes de Cercanías de Madrid, como el 11 de marzo de 2004, cuando mataron a casi doscientas personas. O como anteriormente hicieron, en 1985, cuando segaron la vida de otros dieciocho ciudadanos, con una bomba puesta en el restaurante madrileño “El Descanso”.

Todos estos cretinos de “la revolución pendiente” defienden la “libertad de expresión” de este delincuente llamado Pablo Hasél, para animar a todos los terroristas a que cometan otro sangriento 11-M en Madrid y otra matanza como el atropello masivo de Las Ramblas de Barcelona, el 17 de agosto de 2017, en el que murieron dieciséis personas, dos de ellos niños de tres y siete años. O esa misma noche, ya madrugada del 18 de agosto, en Cambrils, con un nuevo atropello masivo a otras seis personas más.

Este delincuente llamado Pablo Hasél añora la vuelta de ETA, la misma del atentado del Hipercor de Barcelona (21 muertos, 45 heridos), y dice impúdicamente, ante micrófonos, que si la banda asesina reaparece y vuelve a matar policías, guardias civiles, políticos y ciudadanos de a pie “no seré yo quien lo condene”, sino que lo celebrará.

Éste, éste es Pablo Hasél, por quien unos borregos incendian las calles de Barcelona, Valencia o Madrid, entre otras ciudades, en nombre de la “libertad de expresión”. Alentados desde las moquetas ministeriales y una mansión en Galapagar por la chusma que detenta el poder y clama por el control político, e incluso el cierre, de los medios de comunicación.

Increíble, ¿verdad? Pues ayer mismo, sin ir más lejos, Pablo Iglesias se lamentó en el Congreso de que el “Cuarto Poder” se exprese sin ningún tipo de control (control por su parte, se entiende) y declara que el “el enemigo número uno es la prensa”.

Esa, esa es la “libertad de expresión” que estos cabestros defienden, alentados por Pablo Echenique, portavoz parlamentario de Podemos, que anoche mismo declaraba en Twitter “todo mi apoyo a los jóvenes antifascistas que están pidiendo justicia y libertad de expresión en las calles. Ayer en Barcelona, hoy en la Puerta del Sol”. La “libertad de expresión” para aplaudir matanzas, y si alguien sobrevive a las bombas, que al menos se quede como él.

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Pablo Hasél, Pablo Iglesias, Pablo Echenique: tres «Pablos» para un «trío calavera».

Mientras todo esto pasa, el Ayuntamiento de Barcelona, que dirige Ada Colau, se hace “el ofendidito” y, con el apoyo del PSC del ex ministro Salvador Illa; del ahora ministro Miquel Iceta y de la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, entre otros socialistas catalanes, pide la “liberación inmediata” de este sujeto indecente, que es hijo del empresario Ignacio Rivadulla, juzgado por dejar a la Unió Esportiva Lleida con una deuda de 28 millones de euros de los que nunca más se supo, lo cual provocó la desaparición del club. Hijo de Rivadulla y nieto de Andrés Rivadulla Buira, teniente del ejército franquista, que se hizo muy famoso por hacer saltar por los aires a los “maquis” con granadas de mano en el Valle de Arán. Como el Exèrcit Popular Català con Bultó.

Y es que “de casta le viene al galgo” porque, aunque con distintos collares, los perros siguen siendo los mismos, y mismos los comportamientos, más que discutibles, de abuelo, padre y nieto.

Y a todo esto, ¿qué dice Pedro Sánchez? Pues nada. Su silencio es cobarde. Su silencio es culpable. Y mantiene a Pablo Iglesias como vicepresidente, incluso a pesar de que acusa a España de no ser una democracia plena.

Pues claro que no lo es. La prueba es que son ellos los que gobiernan.